Mi cabeza es una fábrica de ideas. Siempre estoy imaginando nuevos proyectos, buscando soluciones o pensando cómo hacer las cosas de otra manera. Soy curiosa por naturaleza y una aprendiz incansable, especialmente cuando se trata de tecnología, creatividad y nuevas herramientas. Me encanta descubrir, experimentar y seguir aprendiendo.
Cuando terminé mis estudios de Administración, tenía algo muy claro: no quería pasar ocho horas al día delante de un ordenador, encerrada entre cuatro paredes.
Lo que realmente me hacía sentir bien era estar con las personas. Hablar, escuchar, compartir experiencias, aprender de los demás y también enseñar lo que yo iba descubriendo por el camino.
Hace 20 años que Cataluña se convirtió en mi hogar y llevo 18 dedicada profesionalmente al mundo animal, especialmente al de los perros, acompañando a familias como educadora canina.
Durante los últimos nueve años he combinado esa pasión con mi trabajo dentro de una clínica veterinaria, como auxiliar veterinaria y fisioterapeuta animal.
Y si algo me han enseñado todos estos años es que, detrás de cada animal, hay una persona, una familia y una historia que merece ser escuchada.
He compartido alegrías, preocupaciones, conversaciones de mostrador, momentos difíciles y despedidas. Pero, sobre todo, he aprendido el valor de la cercanía, de saber escuchar y de esos pequeños gestos que hacen que alguien se sienta acompañado.
Pero no todo en mi vida son animales, ideas y proyectos…
Me encanta la montaña, perderme por nuevos lugares y organizar escapadas improvisadas de fin de semana. Mi familia y mis amigos son una parte imprescindible de mi vida. Y, por supuesto, mis dos gatas, que también tienen mucho que decir en mi día a día.
Disfruto de las cosas sencillas: una buena conversación, un paseo por la playa, descubrir un rincón nuevo o compartir tiempo con las personas que quiero.
Aunque tengo que reconocer algo: mi cabeza rara vez desconecta del todo.
Una idea puede aparecer mientras paseo junto al mar, tomando un café o en mitad de una conversación que, aparentemente, no tenía nada que ver.
Y muchas veces, de esas pequeñas ideas, acaban naciendo grandes proyectos.
¿Y cómo he llegado hasta aquí?
Con el tiempo comprendí que mi experiencia con los animales, mi facilidad para conectar con las personas y mi pasión por la creatividad y la tecnología no eran caminos diferentes.
Eran partes de mí que podían complementarse.
Y así es como todo ello me lleva a querer poner mi experiencia y conocimientos al servicio de otras empresas del sector para seguir haciendo lo que me gusta ayudando a que las buenas ideas se conviertan en realidad.
Porque creo que la mejor manera de trabajar es escuchar, comprender y conectar con las personas, aportando creatividad, cercanía y soluciones que realmente marquen la diferencia.
Porque, al final, sigo siendo la misma Rebeca: cercana, curiosa, un poquito inquieta y convencida de que siempre hay algo nuevo por descubrir.